De la Taberna

La lección de Ucrania: Imperio o Colonia.

Tras varias semanas de conflicto en Ucrania, revisualizar aquella tertulia que hicimos con Hasel Paris y Pérez Triana sobre la disputa Occidente – Rusia me ha suscitado la siguiente reflexión que con vosotros comparto.

Personalmente veo tres caras en este conflicto que se miran entre sí.

En primer lugar, el del conflicto puramente ucraniano. Una invasión es un drama nacional: de repente hay un enemigo, alguien que te lanza bombas, te obliga a desplazarte, a separarte de quien amas. Hay confusión, hay caos, hay pérdidas. Nadie querría algo así para su país. Ucrania no lo deseaba.

Pero, por otro lado, todo el mundo querría que su país tuviera la misma heroica reacción que está teniendo Ucrania. Jóvenes alistándose, políticos arriesgando su vida, empresarios entregando su hacienda, conciudadanos hermanándose. Todos los ciudadanos presentándose como voluntarios en algo. ¡Por Ucrania!  Esta sensación que se percibe en las imágenes que vemos estos días nos proporciona una lección encomiable para los países acomodados de Europa: el patriotismo. Lástima que el patriotismo solo aparezca en la política como el último refugio, en vez de ser el primer principio.

En los momentos más duros del confinamiento en España, nos pareció ver una reacción algo parecida, donde la fraternidad entre los compatriotas se sobrepuso a las políticas woke y al partidismo. Nadie hablaba de sanitarios y sanitarias; los empresarios ponían su industria al servicio del bien común; el ejército y la policía eran, por una vez, popularmente aclamados; los vecinos se empezaron a relacionar y apoyarse, en vez de preocuparse por el maltrato de delfines del Pacífico, o poner la bandera saharaui o la del arcoíris en sus ventanas. Por un momento, parecía que sólo existía una agenda, la del bien de España. Pero qué rápido se olvidó. Queremos seguir identificando diferencias para eliminarlas, en vez de ordenarlas al servicio de un proyecto común.

Ucrania nos está demostrando que un país hace crecer su Nación en virtud de su patriotismo. No se mantiene por sus ideologías, partidos, instituciones, decretos… ni por su Estado.

En segundo lugar, está la respuesta de la UE-OTAN, que por ahora ha sido como es ella: institucional, formal, correcta… ¡Funcionarial! Eficaces o no, lo cierto es que su respuesta es convenida, insuficiente e injusta para lo que está sufriendo Ucrania. Parece que le notificamos desde el asiento: “Vamos a ponerle sanciones, y te proporcionaremos provisiones y armas. Pero pegarse, te pegas tú”.

Recordemos que, tanto la UE como la OTAN, habían ofrecido y entablado relaciones con Ucrania para que entrase en su órbita y abandonase la zarpa rusa. Algo que sabíamos que Rusia no iba a permitir. Pero ahí está la lucha por los imperios, y el “occidental” quiere seguir ganado la liga, y sabe que fichar un defensa del equipo contrario es una buena estrategia.

Ahora, en el vestuario del oponente, hay bronca. Y con el miedo a que estalle una tercera guerra mundial, se deja solo al pueblo ucraniano ante el entrenador ruso. Solo hay que escuchar a Zelensky para saber que con sanciones no se vence a Rusia.

Nos guste o no, así se las está gastando nuestro equipo para ganar este partido; para seguir de líder en la liga. Yo siempre he creído en lo que representaban los colores occidentales, pero detesto esta forma de juego y sus entrenadores… tanto lo detesto, que me planteo que han cambiado a mi equipo.

Esta respuesta que hemos dado hasta ahora demuestra que “occidente” es un “imperio” con mucho Estado, pero sin Nación. Y si algo nos ha enseñado la historia, es que para ser Imperio tiene que haber algo más que una institución que sepa conjugar medidas y coordinar acciones: tiene que haber civilización. Esto último exige conquista, no colonización, y Putin lo sabe: su modelo es el Imperio.

Llegados a este punto, me adentro en la parte más difícil de expresar hoy en día: la postura de Putin y Rusia sobre este conflicto. Si algo sabe Putin es que el “occidente” actual, el occidente woke o el occidente McDonals, no es un Imperio: es una Colonización. Los actos del grupo OTAN-UE siguen el modelo colonial anglosajón, modelo que se lleva siguiendo desde el final de la Guerra Fría. Un dominio que pervive por su estrategia y pragmatismo: siempre interesado, lucrativo, positivista, contractual… pero tibio y cobarde, cuando no traidor.

En cambio Putin reclama una Rusia imperial y motiva las acciones de su autocrático gobierno con una justificación nacional, de sentido histórico, de misión imperial. Por eso presiona internacionalmente, porque busca el primer puesto de la liga. Los rusos quieren el Imperio y actúan con esa arrogancia que, como Nación soberana, aspira a un proyecto político histórico y de unidad. Putin sabe la partida que se juega y está dispuesta a atacar. Y aunque ahora nos digan lo contrario, cuenta con un sobresaliente apoyo popular. Hay gente dispuesta a comprometer su libertad por un sentido nacional.

Quizás se comprenda así: ¿qué hubiera pasado si en España, tras la constitución del 78, una reunión internacional hubiera reconocido la independencia de Aragón, Navarra y Cataluña como un Estado independiente? Y ¿cómo actuaríamos si, pasados 30 años, todas nuestras fronteras estuviesen rodeadas de bases de la OTAN, y desde Francia se lanzase una proposición de adhesión a la UE a ese nuevo país pirenaico? Ante esto ¿la respuesta sería de una Nación con Estado o de un Estado sin Nación?

No parece que las naciones europeas estén dispuestas a enfrentarse con las mismas reglas que Rusia en este partido. ¿Colonización o Imperio? Y la heroica Ucrania en medio.

Rusia responde imperiosa, desde el proyecto de una Nación histórica, reclamando un lugar en el mundo que dé un mayor valor al sentido de sus ciudadanos. Como en la antigua Roma.

Pero desde la colonización del “occidente woke” se responde con términos tan manidos como democracia, libre mercado y derechos. Unos valores que los Estados ha arrebatado a las naciones para convertirlos en fines en sí mismos.

En Occidente está muriendo la civilización, aquello que es sustantivo de todo Imperio. Nuestros Estados están estrangulando a sus Naciones. El control social por parte de éstos nubla, suprime y cancela la capacidad de propuesta política por parte de su comunidad. Es la gran administración del Estado, amparada en biblias constitucionales, la que mediante democracias partidistas embriaga a sus ciudadanos con derechos, regulaciones, impuestos y planes estratégicos. Es el predominio del Estado por encima de la comunidad; la subyugación de la Nación que le ha hecho valer su potestad. La Nación ya no actúa, ya no se gobierna: hay gobernanza Estatal.

A día de hoy, Rusia y Ucrania demuestran una fortaleza que ninguna Nación europea tiene.

Ver el sufrimiento de Ucrania produce desazón, sí, pero también admiración por su patriotismo. Rezo por su paz y aviso de que no les espera en nuestro lado un futuro mejor. Salvo que actuemos como Naciones soberanas.

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