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Taberna Ignota

Una maquinaria perfecta

Almanzor

El bombardeo incesante de noticias escandalosas que vivimos es uno más de los tentáculos desmoralizadores del sistema. Parece como si al estilo Almanzor hace mil años, todos los días nos lanzaran cabezas decapitadas para que cunda el pánico entre nosotros y nos rindamos.

Tras una leve decantación, cualquiera se da cuenta de que lo que sostiene cualquier democracia liberal es la asunción de que el gobernante aplicará la virtud en su gobierno. Aún así, en otros sistemas, para evitar algo la corrupción, existen los llamados check and balances, expresión que en español se traduce como control (de Newtral) y equilibrios (de Pumpido). Los primeros, liderados por el matrimonio del gorila y la becaria de chanclas, nos chequean la realidad para que la veamos a través de su prisma y así establecer el control. El segundo, junto con su cuadrilla, se encargan de encajar lo inencajable para democratizar y equilibrar progresistamente -valga la redundancia- el marco jurídico donde ordenarnos.

El sistema bajo el que vivimos es un régimen implacable con la lógica. Ahí reside su tiranía, porque permite una cosa y su contraria de forma que cabe todo. Todo lo que fortalece al régimen, se entiende. Ni Sánchez es una anomalía ni el PP es traidor: cada uno hace lo que tiene que hacer según está todo diseñado. El jefe del Estado también, por supuesto. Una maquinaria perfecta para acompañar a quien tenga el relato y aplastar a las personas normales. Que bebe del sistema alemán -pero mal- y que, a su vez, vive por un régimen anterior y superior: el del 45, que de nuevo está tensando las tripas y ensayando para aporrear en sus tambores el son de la guerra.

Ah, el 78. Esa ópera prima de la Relatocracia que legaliza la ignominia convirtiendo así al Derecho en fuente de la nueva moralidad. Que nos reprocha el negacionismo machista mientras niega la realidad multicultural. En la que nos levantan el dedo de la ciencia los manolos traviesos que vocean con gravedad lo femeninos que son. La que cambia el pasado y diseña el futuro, y exprime a los trabajadores para aumentar la morbidez de un Estado omnipresente.

Pero aún así, la desmoralización del español medio, parafraseando al bañista, es lo que más se busca y, por eso, no debemos caer en ella. Ante todo esto, es natural sentir rabia e ira pero el desaliento es precisamente lo que los malos quieren. Como la muralla romana de Barcelona de hace un milenio, la solidez y resistencia de España es proverbial y ha resistido todo tipo de ataques. Solo la traición fue capaz de hacer caer una de las mejores fortalezas de Occidente y, hoy, la traición a España es no darse cuenta deliberadamente de que el sistema es perverso y el rey está desnudo. Es tremendamente difícil, pero debemos usar esa rabia y esa ira para luchar, cada uno donde esté, aunque nadie nos asegure la victoria. Es nuestro deber. Al final, «Murió Almanzor y fue sepultado en el infierno». Para nosotros, la recompensa será también eterna.

Getro

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