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Discapacidad, manipulación y odio

Hace unos días, La Sexta nos deleitaba con otra de sus piezas periodísticas de primer nivel. Esta vez, la televisión de Ferreras nos contaba que el vicepresidente de Castilla y León, Juan García-Gallardo, perteneciente a esa especie de contenedor de todos los males terrestres, VOX, se había burlado de la procuradora socialista Noelia Frutos debido a su discapacidad.


Lejos de esto, García-Gallardo se había limitado a reafirmar lo que la propia Noelia le pidió, que la tratara como a cualquier otra persona, sin paternalismo. La intervención de la socialista estaba preparada con una dosis bastante grande de maldad, buscando el enfrentamiento entre VOX y las personas con alguna discapacidad, como ya hacen con las personas con gustos sexuales no hetero o con las propias mujeres.


En lo que a mi respecta, joven con una discapacidad visual, el camino iniciado por la señora Frutos me hace temer el inicio de una ola de odio desde un colectivo de personas con discapacidad que solo representará a las de izquierdas y que buscará enfrentar al resto de la gente contra ellas, repitiendo sus mantras sobre “opresión” y “discriminación”.
La realidad es que la inclusión de las personas con algún tipo de discapacidad está en unos estándares nunca antes vistos y, aunque las nuevas tecnologías plantean nuevos retos, la sociedad española hace mucho tiempo que dejó de lado la idea de la condescencia y la discriminación.


A mi, el ejemplo que siempre me ha gustado destacar como muestra de lo anteriormente mencionado es ONCE y su famosa venta de cupón; en la que podemos apreciar, por un lado, el esfuerzo ímprobo de este colectivo por salir adelante y ganarse el pan con su esfuerzo, pero también la implicación de la sociedad española al acudir cada día a comprar el cupón, a sabiendas de que es la herramienta que ha servido generación tras generación para financiar no solo el salario del vendedor, sino un sinfín de adaptaciones que facilitan la vida a los ciegos.


La solución a cualquiera de estos discursos pasa por la reafirmación del estatus de ciudadanía, en detrimento de la colectivización y el odio, mientras se trabaja en solventar las diferentes necesidades que cada tipo de discapacidad requiere, se fomenta el empleo para que podamos ganarnos la vida sin depender de nadie y se debate desde la razón y el conocimiento en temas tan relevantes como sí tenemos derecho a nacer.


La crueldad de meter en el debate público la discapacidad en la forma en la que se ha hecho durante estos días es mucho mayor de lo que la gente se puede llegar a imaginar. Las personas con discapacidad ya tienen en su día a día una dificultad añadida como para que ahora sean colocados en el centro de un diálogo en el que lejos de afrontar sus problemas, se busca convertirlos en un rebaño que piense y vote igual.


Por concluir, destacar que, en la sociedad actual, el mayor riesgo que afrontamos es el individualismo extremo, al que somos más vulnerables que el resto de ciudadanos, pero que nos afecta a todos. Los días en soledad, las noches de Diazepam y las sogas en el cuello en el peor de los destinos son un reto y un problema para todos.

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