Tinta y Ceniza

O felix culpa!



Sepulcro de piedra y gloria, 
tumba y trono de nuestro Dios;
Aquel que en la Cruz y espanto, 
cruz de amor, murió por nos.

Muerte de Vida y Gracia, 
en la creación suya ungida;
Dolor que cura y salva, 
a una Humanidad perdida.

Luz que eclipsó a la aurora, 
Esperanza nunca rendida;
Tú, motivo del que llora, 
Tú, sustento del que viva.

Sangre preciosa derramada, 
por yo mismo, que soy nada,
entre un viernes negro llanto, 
y un domingo de madrugada.

Un Dios que al fin triunfó, 
vestido de carne y llaga;
clavado, solo, muerto y libre, 
porque libre es el que ama.



Imagen: William-Adolphe Bouguereau, Les saintes
femmes au tombeau 

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